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Bandera de Escocia

Todo aquel que ve la televisión sabe que esta semana será crucial para el destino de Escocia, ya que este jueves 18 de septiembre –sí, jueves y no domingo- los escoceses se dirigirán a las urnas para decidir si continúan o no con su unión con el Reino Unido. Sé que habrá gente que se pregunta por qué parte de un territorio de un país se quiere independizar. A pesar de que Escocia comparta una cultura con Inglaterra, sus historias fueron por caminos separados hasta que éstos se juntaron en el siglo XVIII. Así que con este post pretendo exponer un breve resumen de la historia de Escocia con el fin de entender mejor el empecinamiento de los escoceses a separarse del Reino Unido de Gran Bretaña.

Empezaré con la historia del propio nombre de la región. En inglés se conoce a Escocia como Scotland y en gaélico se le llama como Alba. Scotland toma su nombre de “scotus”, término latino que significa “irlandés” (sí, sé que sabéis que me encanta este dato). Los “scoti” –en plural- hace referencia a los colonos irlandeses –pues los romanos llamaban a Irlanda como “Scotia”- que colonizaron la actual región de Escocia.

Mapa del territorio que ocupaba el Reino de Dalriada c. 590 d. c.(wikipedia)

Los escoceses entraron en la Historia de la mano del mundo romano. Roma invadió Gales e Inglaterra, pero no continuaron hacia el norte, estableciendo el límite en el muro de Adriano. Al norte de esta frontera se encontraba varios pueblos de origen celta y germano: los pictos, los colonos irlandeses, los anglos –que habitaban Lothian-, los bretones –que habitaban Strathclyde- (estos dos últimos llegados a la isla en el momento de las invasiones barbaras en el Imperio) y más tarde los vikingos. Tras la caída del Imperio -476 d. c.- los escotos (también conocidos como dalriadas) crearon el reino de Dalriada o Scotland, que abarcaba el norte de Irlanda y el oeste de lo que hoy es Escocia, mientras que los pictos crearon el reino de Fortriu al Oeste de la región. Se dice que fue el último rey de Dalriada, Kenneth MacAlpin, quien consiguió unificar su reino con el reino picto para formar el Reino de Alba en el 843. Aunque el primer rey en ser nombrado rey de Alba fue Donald II cuando murió en el 900 d. C.

Antes de esto, otro pueblo hizo acto de presencia en tierras escocesas. Hay constancia de una presencia vikinga hacia la década del 830, que invadió el Fortriu, centro del reino picto. Las islas del norte Shertland y Órcadas, las Hébridas y la isla de Man, así como los enclaves terrestres de Caithness y Sutherland fueron colonizadas por los hombres del norte. El primer jarl conocido de las Islas del Norte fue Rognvald Eysteinsson, jarl de Møre (Noruega), siendo vasallo de los reyes de Noruega.

El reino de Escocia o Alba fue poco a poco agregando el territorio de otros señores o reinos menores. Así, en el 1124 Alejandro I consigue incorporar al reino los territorios del Reino de Strathclyde y Lothian. Mientras que Alejandro III, ya en el 1263, logró el control de las Hébridas, la isla de Man y Caithness, gracias a su victoria sobre las tropas nórdicas. Al final del siglo XIII el reino se había extendido hasta alcanzar aproximadamente lo que hoy es Escocia. Sin embargo los reyes escoceses se sometieron a la autoridad (o influencia) normanda –llegados de una parte de la actual Francia, que habían invadido Inglaterra en 1066-, siempre sin perder su independencia

Mel Gibson interpretando a William Wallace en la película Braveheart (1995).

Conforme pasaba el tiempo, la intervención del reino de Inglaterra en los asuntos escoceses fue aumentando. Con la muerte de Alejandro III en 1286, seguida de la de su nieta Margarita I, terminó la dinastía Dunkeld (1290). Hecho que fue aprovechado por Eduardo I de Inglaterra, para poner en el trono escocés a su protegido Juan de Balliol. Pero cuando el poder de éste menguó, Inglaterra llevo a cabo un intento de conquista de Escocia provocando el inicio de las Guerras de Independencia, cuyo personaje más famoso fue William Wallace. La guerra con Inglaterra duró varias décadas, sin embargo a la misma vez se produjo una guerra civil: entre los partidarios de Robert the Bruce, conde de Carrick, autoproclamo rey de Escocia, y los partidarios de Juan de Balliol, apoyados por Inglaterra; guerra que duró hasta mediados del siglo XIV. Y pese a que quien ganó fue Bruce, la ausencia de descendientes de David II permitió a su sobrino, Roberto II, ascender al trono y situar en él a la dinastía Estuardo. Éstos gobernaron Escocia durante el resto de la Edad Media y aunque dieron al reinado cierta prosperidad, los problemas con Inglaterra y entre las Tierras Altas (Highlands) y las Tierras Bajas (Lowlands) siguieron estando presentes.

La Edad Moderna se inició –y como no podía ser de otro modo- con enfrentamiento con Inglaterra. Los ingleses pretendían casar a Eduardo VI de Inglaterra con Maria I Estuardo, objetivo que nunca se logró, pues María I Estuardo se casó con el rey de Francia, Francisco II. Al morir éste María se casó con su primo Enrique Estuardo. Y a pesar de las trabas impuestas por Enrique VIII de Inglaterra –padre de Eduardo VI- para que los Estuardo no reinaran en Inglaterra y el cautiverio de María I, al final un Estuardo llego al trono inglés: Jacobo VI, hijo de ésta, se convirtió en rey de Inglaterra –y ya lo era de Escocia- en 1603. Pero esta unión del reino (junto con Irlanda, que ya formaba parte de Inglaterra) fue meramente personal, manteniendo ambos su independencia política.

Durante el siglo XVII se produjeron disturbios religiosos en Escocia, que provocaron diferentes guerras: la Guerra Civil Escocesa, dentro del contexto más internacional de la Guerra de los Tres Reinos. Ésta última guerra fue una serie de guerras civiles que se lucharon tanto en Escocia, Inglaterra e Irlanda. La Guerra Civil Escocesa (1644-1650) enfrentó a Realistas (partidarios de Carlos I) y los Covenanters, quienes habían controlado Escocia desde 1639 y mantenían un pacto con el Parlamento inglés. Tras esta serie de guerras, que dejaron una autoridad escocesa débil, la Inglaterra de Oliver Cromwell –quien había terminado con la Monarquía inglésa-, que surgió tras la 3ª Guerra Civil Inglesa (1649-1651), invadió Escocia, que pasó a formar parte del El Protectorado de Cromwell, aboliéndose el parlamento escocés.

Tras la muerte de Cromwell, en 1660 se restauró la monarquía bajo el rey Carlos II Estuardo. Pero en 1688 se produce un cambio de dinastía, al ser derrocado Jacobo II de Inglaterra por el protestante Guillermo III de la casa Orange-Nassau. Pero a la muerte de éste en 1702, trae el ascenso al trono a Ana I. El tiempo pasaba y Ana no tenía herederos, así que Escocia amenazó con instaurar una dinastía independiente. Esta teórica independencia no era deseada por Inglaterra ya que el establecimiento de un reino independiente escocés podía acarrear una alianza de este país con algún enemigo de los ingleses, y a su vez, un ataque contra sus territorios.

Así se llega al Acta de Unión en 1707, por el cual se creó un nuevo país, el Reino de Gran Bretaña, y se disolvieron los parlamentos de Inglaterra y de Escocia para implantar un único parlamento. El Acta de Unión nunca fue popular en Escocia. Al contrario, la mayor parte de la población se oponía a ella, y se enviaron reiteradas peticiones en contra al Parlamento. El día de su aprobación se efectuaron protestas masivas en contra de la ley en Edimburgo y otros pueblos y ciudades, además de escenas de desobediencia civil. Tras el aplacamiento de la Rebelión irlandesa de 1789, el reino de Gran Bretaña fue disuelto en 1800 con otro Acta de Unión, por el que Irlanda se anexaba a la unidad política, dando origen al Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda.

De esta forma un país de casi 1000 años (843-1707) se diluyó para integrarse política y económicamente en un nuevo país. Sin embargo, siguió latente durante los dos siguientes siglos un carácter cultural –gaélico- diferenciador con sus vecinos del sur. Y con esta memoria intacta, llegarían los primeros movimientos independentistas del pueblo escocés.

Desde mediados del siglo XIX apareció un movimiento por el autogobierno que buscaba la devolución del control sobre los asuntos escoceses a Escocia, pero el apoyo a la independencia no llegará hasta los años veinte del siglo XX, momento en que se fundó el partido Liga Nacional Escocesa (1921) –altamente influenciado por el Sinn Féin irlandés- y en 1934 el Partido Nacional Escocés. Pero la II WW interrumpió la ponderación por parte del parlamento inglés de la demanda escocesa. No sería de nuevo hasta 1974 cuando la política laborista volvió a apoyar un autogobierno escocés, sujeto a un referéndum. El 1 de marzo de 1979 se celebró un referéndum en Escocia, que fue la primera consulta popular para la reinstauración del Parlamento escocés, pero no obtuvo mayoría. Los progresos del independentismo se vieron frenados cuando el Partido Nacional Escocés apoyó una moción de censura contra el gobierno y forzó unas elecciones generales en 1979 que dieron la victoria a la gran adversaria de la independencia, Margaret Thatcher.

El 11 de septiembre de 1997 se realizó otro referéndum para consultar a la ciudadanía escocesa, sobre lo que se conoció como la “devolución” del Parlamento. El resultado fue afirmativo y al año siguiente se promulgaría la Ley de Escocia de 1998, por la que el Gobierno del Reino Unido concedía mayores niveles de soberanía a Escocia, restableciendo el Parlamento Escocés.

Manifestantes a favor del “Yes” en el 2012 (LaVanguardia)

Y así llegamos al 18 de septiembre del 2014. Ya veremos que sucede.

(Bueno creo que no me ha salido tan resumido). Saludos🙂

Bibliografía:

ÁLVAREZ PALENZUELA, Vicente A. (2005): Historia Universal de la Edad Media, Ed. Ariel.

FLORISTÁN, Alfredo (2012): Historia Moderna Universal, Ed. Ariel.

TOWNSON, Duncan (2004): Breve historia de Inglaterra, Ed. Alianza.