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¿Os acordáis que en un post anterior contaba la historia de la sustracción nocturna (y con alevosía) de la Madona de Brujas de Miguel Ángel por parte de tropas nazis en su repliegue a su patria durante la IIWW? ¿Qué fue de ella? Estamos de acuerdo en que al final la estatua volvió a su lugar de origen, pero ¿qué pasó con ella tras su secuestro?

La famosa escultura de Miguel Ángel. La única que salió de Italia en vida del autor.

Hitler se había pegado un tiro el 30 de abril y el 7 de mayo los alemanes presentaron su rendición incondicional en Reims. Los aliados habían ganado oficialmente la guerra. Los chicos de la sección de Monumentos ya habían localizado cientos de depósitos, pero todos de menor importancia. Faltaban los grandes, donde se habían guardado las grandes obras maestras de todos los tiempos. Altaussee era uno de ellos.
Cuando llegaron a la mina de sal de Altaussee el 12 de mayo, Robert Posey y Lincoln Kirstein, dos destacados miembros de la sección, ya sabían que allí se localizaba el segundo mayor depósito de atesoramiento de los nazis. Allí, en el corazón de la montaña, tras varios kilómetros de pasajes y túneles con bifurcaciones dominados por la oscuridad y la humedad, se localizaba una amplia cámara con el techo de piedra, donde se encontraba, entre otras miles y miles de obras, la Madona de Brujas. Las linternas de acetileno iluminaron a una estatua tumbada de lado sobre el ya mugriento colchón con el que la habían protegido cuando salió de Bélgica.

Momento del rescate en la mina de Altaussee. En la foto se ve a George Stout, el director de la sección, con bigote. Foto de: http://harvardmagazine.com

Fue una de estas cosas del destino, o no, que hizo que esta escultura, y el resto del tesoro de Altaussee, continuase viva para la posteridad. La Madona llegó a esta mina en octubre de 1944 tras su traslado desde Bélgica en barco y luego por estrechas y empinadas carreteras hasta llegar al corazón de los Alpes austríacos, donde se localizaba el depósito. Tras ella, la llegada de nuevos tesoros fue incesante y en aumento cuanto más acorralados se sentían los nazis por el avance aliado. El 13 de abril de 1945 a la mina llego un cargamento de ocho cajas con la siguiente etiqueta: “Atención, mármol, no dejar caer”. Sin embargo no contenían mármol sino bombas de quinientos kilos. Objetivo: destruir la mina para que las obras de arte no llegaran a manos de los aliados. En un hilo pendió un gran legado del pasado de la humanidad. Gracias a la fortuna y al ingenio de varios hombres, que veían la importancia de ese depósito, evitaron la aniquilación total tanto de las obras de arte como de la mina de sal, sustento de las comunidades vecinas. Estos hombres, en un favor para que las generaciones venideras pudiésemos contemplar ese pasado que ha venido a caracterizar y definir a la mente humana, tapiaron las entradas de la mina con cargas de dinamita.

The Monuments Men de Robert M. Edsel (Ed. Booket, 2012)